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En el imaginario colectivo, la sede del Tribunal Supremo Popular (TSP) suele evocar solemnidad, respeto y cierta distancia institucional. Sin embargo, para jóvenes como Rosalía López Avila, estudiante de cuarto año de Derecho en la Universidad de La Habana y trabajadora del Departamento de Relaciones Internacionales del máximo órgano de justicia del país, este espacio se ha convertido en una segunda escuela, llena de calidez humana y aprendizajes trascendentales.
Lejos de ser fruto de la casualidad, el vínculo de Rosalía con el TSP responde a la histórica y estrecha relación entre la Facultad de Derecho y el Sistema judicial cubano. “Fueron mis propios profesores, especialmente los que también trabajan en tribunales, quienes nos animaban a dar este paso”, recuerda. “Nos decían que vincularnos a los tribunales no solo nos preparaba mejor, sino que era una experiencia bonita por el valor humano del trabajo”.
Recibir esta oportunidad —dice— significó para ella un orgullo inmenso y una gran responsabilidad. “Sentí que la universidad y la institución confiaban en mí”, afirma con gratitud.
¿Cómo recuerda su primer día en el tribunal? Rosalía confiesa que entró con nervios y admiración, pero lo que más la marcó fue “la calidez con que me recibió todo el personal”. Aunque los espacios son solemnes, el ambiente dista de la frialdad que a veces se imagina desde fuera. “Encontré a personas dispuestas a ayudarme, a explicarme, a enseñarme, a hacerme sentir parte del equipo desde el minuto cero. Ese lugar, además de ser mi trabajo, se ha convertido en otra escuela, tan importante como la propia Facultad”.
En su desempeño actual dentro del Departamento de Relaciones Internacionales, Rosalía ha tenido que aplicar conocimientos de Derecho Internacional Público y Privado a casos concretos, con plazos reales y personas detrás. Desde la cooperación jurídica internacional hasta la asistencia consular a personas extranjeras recluidas en Cuba, su labor diaria confronta la teoría universitaria con la práctica cotidiana.
“Esa confrontación te obliga a madurar rápido y a valorar cada detalle”, señala. Pero por encima de lo técnico, destaca un aprendizaje ético fundamental: entender que detrás de cada gestión, cada solicitud o cada informe, hay personas y familias. “Un trámite bien hecho puede cambiar la vida de alguien”, reflexiona.
¿Tienen los jóvenes un espacio real en una institución tan trascendental? Rosalía responde con rotundez: “Rotundamente sí. Y no lo digo solo por decirlo: lo he vivido”. Explica que los jóvenes aportan ideas frescas, nuevas perspectivas y, al ser nativos digitales, se les facilita el trabajo con las nuevas tecnologías. Al mismo tiempo, reciben la experiencia y la sabiduría de los compañeros más veteranos.
“En Cuba, la juventud es protagonista en todos los sectores, y el Sistema de Tribunales no es la excepción. Aquí se demuestra que la confianza en los jóvenes es una realidad cotidiana”, asegura.
Al vivir el Aniversario de la Unión de Jóvenes Comunistas desde esta experiencia, Rosalía lo hace “con mucho orgullo y un sentido de pertenencia muy fuerte”. Sentirse, siendo aún estudiante, parte de la familia del Tribunal Supremo Popular, la conecta directamente con el legado de la Revolución y su apuesta por la formación integral de las nuevas generaciones.
“Para mí, este día no es solo una fecha para celebrar, sino un momento para renovar mi compromiso con el estudio, con el trabajo bien hecho y con la defensa de la legalidad socialista”, afirma.
A los estudiantes universitarios que ven la carrera judicial como algo lejano o inalcanzable, Rosalía les envía un mensaje claro: “Confíen en las oportunidades que nos brinda como estudiantes. A veces la carrera judicial puede parecer lejana, pero es solo porque no nos hemos acercado lo suficiente”. Los invita a aprovechar los espacios de vinculación, a perder el miedo a las instituciones y a entender que “la justicia es una obra colectiva que necesita de todas las manos responsables, también de las manos jóvenes”.
Finalmente, ¿cómo se imagina su futuro profesional? Rosalía no duda: “Totalmente vinculada al sistema judicial”. El sueño de servir como jueza la acompaña desde que empezó la carrera, y esta experiencia lo ha hecho más firme que nunca. “Quiero ser una profesional íntegra y útil a la sociedad cubana. Vale la pena dedicar la vida a la justicia judicial”, concluye.