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Hace 69 años, un puñado de jóvenes universitarios, liderados por José Antonio Echeverría, demostró al mundo que la tiranía no era invencible. El asalto al Palacio Presidencial y la toma de Radio Reloj marcaron un antes y un después en la lucha por la libertad de Cuba.
Eran más de las tres de la tarde de aquel 13 de marzo de 1957. Desde los estudios de Radio Reloj, una voz conocida por la juventud cubana se dirigió al pueblo con una arenga que quedó grabada en la historia: "Pueblo de Cuba... acaba de ser ajusticiado revolucionariamente el dictador Fulgencio Batista".
Esa voz era la de José Antonio Echeverría, Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y líder del Directorio Revolucionario. El objetivo era doble y perfectamente sincronizado: mientras un comando atacaba la guarida del tirano en el Palacio Presidencial, otro tomaba la emisora para anunciar la caída del dictador y convocar al pueblo a la huelga general y la lucha armada.
A pesar de que los asaltantes lograron llegar hasta el Salón de los Espejos del Palacio, Batista logró escapar por una puerta secreta. Los combates fueron desiguales y violentos. Los refuerzos previstos nunca llegaron, y la falta de municiones obligó a los revolucionarios a retroceder.
Simultáneamente, José Antonio, tras cumplir su misión en la radio, se dirigía a la Universidad. Sin embargo, a un costado del recinto universitario, su auto fue interceptado por la policía. En el enfrentamiento, el joven líder cayó abatido a los 24 años de edad.
Aunque la acción no logró su objetivo inmediato, tuvo una gran importancia histórica. Como el propio José Antonio había escrito en su testamento político: "Si caemos, que nuestra sangre señale el camino de la libertad. Porque, tenga o no nuestra acción el éxito que esperamos, la conmoción que originará nos hará adelantar en la senda del triunfo".
Y así fue. El 13 de marzo conmocionó la conciencia popular y demostró la pujanza de la juventud contra la dictadura. El Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, calificaría años después aquella gesta como "un acto de extraordinaria audacia y valentía" y "un día luminoso en la vida de nuestro país".
Para quienes hoy trabajamos en la impartición de justicia, recordar esta fecha es también un acto de reafirmación. Aquellos jóvenes lucharon por una Cuba libre y soberana, los mismos principios que consagra nuestra Constitución y que guían la labor de nuestros tribunales. Su ejemplo nos recuerda que la justicia social y la dignidad plena del ser humano, por las que ellos ofrendaron sus vidas, son el cimiento sobre el que se erige nuestra nación .